Con un cabello tan largo que sostiene mi ser y lo salva de la soledad; con esas manos tan cálidas que acarician mi cabeza en un abrazo silencioso, sin permitir que ella me encuentre y me tome sin piedad alguna; con esos ojos tan profundos que me hacen comprender hasta lo incomprensible y me llevan a revelar incluso mis más preciados secretos, aquellos que guardo con tanto recelo. Sin tener la capacidad de resistirme a ellos, tan hermosos y tan sinceros que me hacen saber que mis secretos jamás serán revelados ni burlados, tan seguros, incluso más que en mi propia profundidad insondable.
Con esa forma de ser tan tuya, tan alegre, tan espontánea y tan abierta a recibirme sin importar qué; con una risa tan embriagadora acompañada del abrazo más envolvente que puedas sentir, como uno directo al alma que te toma, que no te deja nada con qué compararlo, dejando escrito en todo tu ser todo aquello que no se dice. No porque no se deba, sino porque es una inmensidad indescriptible, una de profunda paz y felicidad.
¿Cómo explicar cuánto me encantas, si ni las palabras alcanzan para describir la magnitud de lo que eres, cuánto te amo y cuánto deseo que sigas siendo siempre así, siendo siempre parte de mí? La única luz y el único sol de mi existir, que lo sea todo aquello que me hace ser, incapaz de olvidarte y mucho menos dejarte atrás, sin importar cuánto haya intentado por miedo, que sigas allí como siempre, saliendo en los momentos más inesperados a repararme desde la fisura más pequeña hasta la cicatriz más dolorosa e inmensa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario