jueves, 28 de mayo de 2026

¿Amor o simple negación?

¿Puede acaso la mente de un individuo amar a alguien mientras que su corazón anhela y busca con desespero a otra? Sin saber siquiera que ya ama a alguien, su mente se aferra a aquello que es imposible; tal vez menos rechazado, humillado o, en el peor de los casos, despreciado.

Su única esperanza para no dejar ir esos sentimientos tan fuertes que sabe perfectamente que le pertenecen a la persona que yace en su corazón y no en su mente.

Esa conexión instantánea, tan luminosa, que desconoce por completo el disimulo. Todos lo ven, incluso él. Mas no puede aceptar que ella sea la amada del corazón, pues la mente no deja de rechazarla, alegando sin descanso que su amada es mejor que la del corazón; pues para ella ya escribió, dibujó, pintó e hizo todo lo que pudo hacer al no tenerla de frente y no poder expresar aún más de lo que siente, porque su creatividad no tiene fin con ella.

Y sin ningún pensamiento impío, admira su entero cuerpo, sus ojos y todo aquello que puede admirarse.

—¡Qué necio es el corazón! —exclama vehementemente.

Mientras que el corazón, desesperado, replica:

—¡Qué necia es la mente!

Porque mientras uno no deja de sentirse cada vez más atolondrado, más ansioso, más tímido, más apresurado por su cercanía, más entusiasmado y abrumado por todo aquello que no entiende, la mente no le obedece.

Porque la mente sigue tan empedernida en su decisión que no deja de imaginarse una vida con su amada; no deja de imaginar su amor, su calor, sus abrazos, sus caricias, su sonrisa y su conexión… En fin, no deja de imaginar.

Pero ¿qué se hace cuando la mente y el corazón aman a personas distintas? ¿O es acaso la negación de amar a quien realmente quiere a su lado?

Porque en ese mundo imaginario que creó la mente, solo recrea aquella conexión que ya existe, que ya sintió, que ya vivió y que no deja de crecer día con día debido a su arraigo. Pero la mente se niega, se niega porque sabe que no es más que un idilio tremendamente peligroso, donde saldría más que humillado y rendido.

Que su entrega estaría en manos equivocadas. Que preferiría entregársela a quien no le dolería; a quien, después de su ilusión, no le importaría en lo absoluto.

La mente sabe que no debe entregarle el poder de controlar a todo su ser a quien podría usarlo para destruirlo.

Prefiere entregar un falso poder a quien no le importa en realidad, para no salir lastimado.

Siendo innegable que a quien más protege… es al corazón.

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